Internacional

Incendios en Hawaii: en pleno 2023 nuestras ciudades se siguen quemando

Hace más de un siglo que la humanidad descubrió cómo prevenir los grandes incendios en las zonas urbanas. ¿Por qué han vuelto a ser tan graves?

Los equipos de rescate siguen buscando sobrevivientes en Lahaina, Hawaii, tras el catastrófico incendio forestal que arrasó la localidad la semana pasada en la isla de Maui. Es uno de los incendios más mortíferos de Estados Unidos en los últimos tiempos. Con 99 muertos confirmados, supera los 85 que perecieron en el Camp Fire de 2018, en Paradise, California. Y los equipos solo han podido registrar una cuarta parte de Lahaina, por lo que se espera que la cifra de muertos aumente aún más. Al menos 2,200 estructuras han quedado destruidas.

Es como volver a la polio

En el siglo XIX, tenía mucho sentido que incendios como el de Chicago de 1871 quemaran franjas de una ciudad casi sin control. No existían códigos de incendios ni de construcción. Tampoco había fuerzas de extinción de incendios ni una sólida infraestructura hidráulica. A principios del siglo XX, todo eso se había mejorado. Las ciudades eran más seguras durante un tiempo. Pero ahora han vuelto los incendios urbanos expansivos, y lo hacen con una frecuencia y una intensidad sorprendentes.

«Pensábamos que los incendios urbanos habían desaparecido, que el de San Francisco de 1906 había sido el último. Es como volver a ver la polio. Lo habíamos arreglado. Pero hay que mantener la higiene, hay que seguir vacunando».

Fuego donde no lo esperábamos

Y el fuego en Lahaina demuestra que puede arder en lugares donde nadie espera un incendio forestal catastrófico: una ciudad moderna en una isla tropical en medio del Pacífico, cuyos ecosistemas solo vieron incendios forestales en contadas ocasiones en la prehistoria.

No es el único ejemplo reciente de fuegos que arrasan lugares sorprendentes. En 2021, un extraño incendio forestal se declaró a finales de diciembre, fuera de la temporada de incendios, en Boulder, Colorado, y quemó más de 1,000 edificios. En 2016, el incendio de Tubbs arrasó Santa Rosa, en California, y las comunidades circundantes, destruyendo 5,600 estructuras y matando a 22 personas. «Esas no son zonas incendiadas, sino suburbios«, aclara Thomas Cova, quien estudia las evacuaciones por incendios forestales en la Universidad de Utah. Son calles modernas, aceras modernas, césped cuidado. En este clima cambiante, resulta mucho más difícil determinar dónde se van a producir los incendios, en qué época del año y con qué intensidad».

En Maui, como ocurre con los incendios forestales en todo el mundo, no hay un único factor que contribuya a las llamas. En general, el cambio climático está empeorando los incendios forestales. Una atmósfera más cálida puede absorber más humedad del paisaje. El cambio climático también está haciendo que las sequías sean más frecuentes, más largas y más graves, por lo que hay menos humedad para mojar el paisaje.

Si a esto le añadimos los fuertes vientos, las ráfagas de hasta 130 kilómetros por hora arrastraron las llamas a una velocidad de 1.5 kilómetros por minuto a través de Lahaina-, basta una sola chispa para provocar un incendio de rápida propagación. «Una vez que una estructura se incendia, si el viento sopla así, se convierte en un soplete contra la casa vecina».

¿Como afectan las especies invasoras?

Estos vientos en Maui también eran secos, lo que ayudó a absorber la humedad restante de la vegetación para convertirla en combustible. Ese combustible parece haber sido hierbas invasoras que los colonizadores europeos trajeron cuando establecieron plantaciones. Cuando las lluvias son abundantes, estas plantas crecen muchísimo, y luego se secan fácilmente en cuanto deja de llover.

«Esas especies invasoras propensas al fuego rellenan cualquier hueco en cualquier otro lugar: bordes de carreteras, entre comunidades, entre las casas de la gente, por todas partes», comentó la semana pasada a WIRED Elizabeth Pickett, codirectora ejecutiva de la Organización de Gestión de Incendios Forestales de Hawaii. «En este momento, el 26% de nuestro estado está cubierto por estas hierbas propensas al fuego».

No solo gran parte de Maui ha estado en sequía, sino que justamente se encuentra en plena estación seca, por lo que estas plantas se han convertido en yesca. «Los paisajes asilvestrados alimentan los incendios», cuenta Pyne. «Caliente, seco y ventoso, con mucho combustible, es la fórmula para los grandes incendios. Y eso es lo que hay aquí».

En Hawaii, al igual que en otros lugares de la costa oeste, cada vez más gente se ha ido trasladando a la zona de peligro: la interfaz urbana-forestal, o WUI. Aquí es donde la naturaleza choca con los asentamientos humanos o incluso se entremezcla con ellos. Por eso Paradise ardió tan rápida y profundamente, destruyendo 19,000 estructuras, cuando el fuego se propagó a través de agujas de pino y otras hojas secas amontonadas alrededor de la ciudad. En Maui, la hierba invasora actúa como acelerante. «Prácticamente todas las comunidades de Hawaii están en una interfaz urbano-forestal», continúa Pickett. «Así que somos como un estado WUI, porque tenemos urbanizaciones que están todas adyacentes a zonas forestales o rodeadas de ellas».

La sociedad de los incendios

No tenemos que descubrir la vacuna contra los incendios forestales en dicha interfaz; ya se conoce. Los incendios urbanos masivos disminuyeron en el siglo XX gracias a la mejora de los códigos de construcción, y las infraestructuras siguen siendo importantes hoy en día. Cuando soplan vientos fuertes, los cables eléctricos se mueven y pueden provocar incendios. El mal funcionamiento de los equipos eléctricos fue la causa confirmada de los incendios de Camp y Tubbs, entre otros. Aunque las autoridades siguen investigando qué provocó el incendio forestal que consumió Lahaina, se especula que también fueron cables eléctricos. Aunque soterrar los cables eléctricos es caro, una inversión de este tipo podría contribuir en gran medida a salvar estructuras y vidas humanas.

Y en la actualidad, otro factor importante es la gestión de los combustibles potenciales: en lugares como California, eso significa eliminar la maleza muerta. En Hawaii, son las hierbas invasoras. Dado que el ser humano es un factor X tan impredecible a la hora de provocar un incendio, con un fuego artificial o un cigarrillo, es fundamental que, cuando la gente cometa errores, haya menos combustible que quemar.

Proteger las ciudades de los incendios forestales también exige cambios sociales fundamentales. Si una ciudad tropical como Lahaina puede arder, ¿qué otras ciudades corren el mismo riesgo y no están preparadas para ello? Normalmente pensamos en prepararnos para sucesos que están dentro de un marco histórico de sucesos anteriores», dice Cova, «esto no tiene precedentes en Lahaina. Así que, ¿cómo se puede empezar a hablar de prepararse para algo que nadie ha visto nunca, ni siquiera las personas que gestionan los incendios?».

Uno de los mayores riesgos de los incendios forestales urbanos es que los residentes pueden quedar atrapados entre los rápidos fuegos y las limitaciones de la infraestructura de la ciudad, como carreteras estrechas y sinuosas, o la falta de rutas de evacuación. Hace tiempo que sabemos, incluso en los huracanes, en los que se avisa con mucha antelación, que a veces es esencial evacuar en auto, pero es realmente problemático, porque enseguida se producen atascos», refiere Ann Bostrom, investigadora de comunicación de riesgos de la Universidad de Washington. «Cualquier ciudad en la que tengas una interfaz urbano-forestal, y luego tengas cualquier tipo de transporte complicado, en el que no tengas salida libre, eso es problemático».

Proteger a otras ciudades del destino de Lahaina exigirá librar una batalla en múltiples frentes: gestionar los combustibles para volver a domesticar el paisaje salvaje, minimizar las igniciones con mejores infraestructuras eléctricas y comunicar rigurosamente los planes de evacuación. «Este es el tipo de sociedad que hemos creado», indica Pyne. «Y estos son los tipos de incendios a los que la sociedad tendrá que enfrentarse».

 

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