Doctor don Macario SCHETINNO YÁÑEZ,
Doctor don
Macario SCHETINNO YÁÑEZ,
Ciudad de México.
Muy respetado y estimado Doctor:
Con profundo pesar le escribo estas líneas, a sabiendas de que usted no tiene ninguna responsabilidad ni obligación en el tema que necesito compartirle, sin embargo considero indispensable que lo conozca de primera mano.
Soy estudiante de la licenciatura en derecho e hijo de un abogado veracruzano que de manera paulatina ha ido probando su inocencia y verticalidad respecto de las acusaciones que le fueron fabricadas. Yo me esfuerzo por formarme y contribuir a la mejora de este país.
Si me atrevo a escribirle es precisamente porque sinceramente le admiro, leo sus columnas y sigo «Fuera de la Caja» con interés y admiración. He asumido como propias muchas de sus ideas y deseo que cada vez más mexicanos vean en usted un referente de las instituciones y la ciudadanía que nos merecemos.
Es precisamente por ello que decidí compartirle estos penosos hechos que ahora le narro, sin entrar en detalles para no abrumarle.
El pasado 16 de septiembre fui atacado dos veces por su sobrino Macario Schettino, hijo de don Pedro Schettino Bello, en una fiesta y en una discoteca de Boca del Río.
En la primera ocasión me agredió verbalmente, acusándome de que mi padre defiende legalmente a personas con las que la familia de usted sostiene litigios que desconozco. Al ver su agresividad, su estado de intoxicación y su condición incontrolable, opté por retirarme y junto con mis amigos, nos fuimos a otro sitio para evitar problemas.
Desconozco cómo se enteró del sitio en que nos encontrábamos pero el caso es que repentinamente y sin que nadie se percatara, Macario acudió al lugar y empezó a golpearme por la espalda, dejándome inconsciente, con dos fracturas en la nariz y lesiones óseas en el pómulo y en el maxilar.
Por lo que me informan, esta conducta agresiva es siempre solapada por su familia y han sido numerosas las ocasiones en las que Macario se ha visto involucrado en reyertas y ha lesionado en diversos grados a otras personas. Parece una actitud recurrente, peligrosa para los demás y para él mismo.
Creo sinceramente que el nombre de usted, su prestigio y su calidad humana no se merecen este tipo de daño.
Por supuesto no le pido intervenir. Dada la gravedad de las lesiones, lo que las motivó y el riesgo que implica la actitud de Macario, a quién algunos peritos han considerado gravemente sociopática, mi familia ha decidido emprender las acciones legales pertinentes. Más que por un castigo, para que Macario reciba el tratamiento psiquiátrico y psicológico que le urgen, minimizando el riesgo de que atente contra otras personas, apoyado en la impunidad que tristemente le brindan sus familiares directos. Por supuesto, también debe hacerse responsable de los daños que causó.
Siempre aspiré a conocerlo y a establecer un vínculo que me permitiera aprender muchísimo más de usted. No sabe cómo lamento estos hechos.
Le garantizo mi respeto y mi admiración invariables.
Luis Ángel Bravo García.



