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Justicia sin rumbo Ana Laura Magaloni Kerpel

Justicia sin rumbo
Ana Laura Magaloni Kerpel

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EN REFORMA
(02 Jul. 2022).-

Ha sido impactante presenciar en tiempo real el desmoronamiento de una de las principales instituciones que lideraron el desarrollo de la justicia constitucional en el mundo. Me refiero a la Corte Suprema de los Estados Unidos. ¿Qué ha sucedido entre la Corte que vimos hace algunas semanas revocar Roe vs. Wade y aquella que, durante algunas décadas, se puso al servicio de la defensa de los intereses sociales que no lograban representación en las legislaturas? La Corte Suprema norteamericana fue la primera en el mundo en hacer de la agenda de la igualdad y la inclusión social el eje rector de la justicia constitucional; su razón de ser. Lo hizo abriendo sus puertas por primera vez en la historia de ese país a los negros (y otras minorías) que vivían en un mundo en donde el poder económico y político abiertamente los discriminaba de muchas maneras. Algunas de las sentencias de la Corte norteamericana son un referente mundial, en concreto, aquellas que tienen que ver con la amplia agenda del pluralismo y la igualdad en un momento histórico de absoluta supremacía blanca. ¿Cómo fue que esa Corte ya no será el faro para la justicia constitucional del futuro en un momento de tanta confusión y fragilidad? Lo que está sucediendo en la Corte Suprema norteamericana debe llamarnos la atención, pues quizá hacia allá se mueve la justicia constitucional en contextos políticos de polarización y populismos. Es muy pronto para saberlo con certeza.

La idea de que la Constitución es una norma jurídica como cualquier otra y que, por lo tanto, toda persona puede exigir judicialmente a la autoridad su cumplimiento fue creación del constitucionalismo norteamericano. La Corte Suprema de los Estados Unidos fue el primer tribunal en el mundo que puso en práctica esta idea; lo hizo un siglo antes que Europa. Las y los jueces norteamericanos abrieron brecha. Su visión de la justicia constitucional tiene que ver con cómo hacer valer la fuerza normativa y axiológica de la Constitución en casos concretos de personas comunes y corrientes. Esto último no es trivial: la justicia constitucional para quien no tiene influencia política ni poder económico. Las y los jueces norteamericanos durante dos décadas le dieron vida a una visión de Constitución, esa que debe servir para proteger a los muchos que descobijaban los poderes electos. La Corte Suprema de Estados Unidos fue un referente indiscutible para los tribunales constitucionales que se fueron creando en los procesos de democratización en el mundo del siglo pasado.

Mucho se ha escrito sobre lo que está sucediendo hoy con la Corte de Estados Unidos. Varios coinciden en señalar que cada vez se ha vuelto más ideológico el comportamiento de las y los Justices que la integran. Por muchos años, todos creían que el sentido de las sentencias de las y los Justices no era predecible en función del Presidente que había llevado a cabo su nominación. Así, un Justice nominado por un Presidente republicano no predecía por sí sólo si se iba a comportar como un juez conservador o uno liberal y lo mismo sucedía si la nominación era de un Presidente demócrata.

Todo indica que ello ya cambió. En la medida en que la polarización política se ha acentuado, el comportamiento de las y los Justices se ha vuelto más ideológico. Según Epstein y Posner, hoy casi invariablemente la ideología del partido del Presidente que nominó al Justice predice el sentido de su votos (New York Times, 9 julio 2018). Es decir, la que fue la gran Suprema Corte norteamericana se ha convertido en un tribunal abiertamente politizado en un momento de la historia en que parece que es más importante ejercer el poder que garantizar la eficacia de las normas jurídicas que lo buscan acotar. Ello está debilitando los acuerdos políticos y axiológicos subyacentes a la democracia constitucional norteamericana. ¿Qué podemos esperar a futuro? Lo que sigue es muy incierto.

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